lunes, 30 de enero de 2012

Alta Badia


A los 8:00 de la mañana habíamos programado el despertador, pero yo minutos no puede aguantar la tentación de levantarte y asomarme al balcón, las vistas eran increibles, dos sitemas montañosos a ambos lados, dejaban en medio un sinfín de pistas entre montañas, rápidamente inmortalice la estampa con varias fotografías y fue a la habitación de mis compañeros, estos ya estaban levantados por lo que supuse que todos teníamos las mismas ganas de esquiar. Rápidamente preparamos la comida, una rica empanada que nos había realizado la madre de Nacho y David, y bajamos a buscar los skipass.



Nos compramos los pases por 215 € cada uno, y nos hicimos con unos mapas de la estación, eran tan grandes que no sabíamos por donde empezar, doce estaciones unidas con un único pase, decidimos los mejor para el primer día era quedarnos en Alta Badia.

El acceso estaba apenas unos 50 metros del hotel, por lo que no tuvimos que andar mucho con las engorrosas botas, empezamos a descender y cogimos el primer telecabina que vimos, comenzaba oficialmente la semana blanca.

Mis primeras impresiones fueron confusas dado que entre que te vas acostumbrando a los esquís y que la nieve era la mayor parte generada por cañones, estaba digamos que muy suelta, pero poco a poco fui ganando confianza. En cuanto a los paisajes solo puedo decir que indescriptibles, continuamente parando y sacando la cámara para inmortalizar toda esa amplitud, se nos caía la baba.




Al medio día decidimos parar a tomar unos buenos capuchinos ya que estábamos en Italia, y al mirar el mapa nos dimos cuenta que no habíamos bajado la pista del campeonato del mundo “La Gran Risa” famosa por su verticalidad, por lo tanto ya teníamos destino.



No nos consto encontrarla, solamente un par de remontes, Nacho me comento que había leído en el foro de nevasport que tenía rampas con muchísimo desnivel, pero no nos imaginamos que seria para tanto, comenzamos el descenso y un chute de adrenalina recorrió todo mi cuerpo, no quería pensar que pasaría si sufriría una caída, tenía bastante con esquivar a muchísima gente que realmente te pasaban muy rápido.

Para terminar la jornada nos acercamos a un refugio en medio de la estación donde se había realizado una quedada de Españoles, dado que en todo el día no habíamos oído a nadie, teníamos ganas de charlar con gente española, topamos con un matrimonio de Miranda de Ebro, charlamos un poco, tomamos unas cervezas, planeamos la jornada del martes y volvimos para el apartamento donde nos esperaba un gran chuleta de cena.

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