martes, 6 de marzo de 2012

Bustablado Porracolina Ason


Sábado 3 de Marzo del 2012

Hemos quedado con Cesar a las afueras de Santander a las 9:45, un poco tarde sabiendo que tenemos por delante una gran etapa, al llegar nos presenta allí a Marta, Sara y Javi, enseguida llega Adrián(viejo conocido de más de una batalla) con sus amigos Dani, Zaira y Yanira(Perrito). Quedamos en ir en tres coches, y pusimos rumbo a Ason, nosotros decidimos ir por el puerto de Alisas, dado que hacia un buen día para disfrutar de las vistas, los demás optan por ir hasta Ramales de ahí dirección Arredondo.






Llegamos a Ason, y nos dio tiempo para tomar algo en el bar, poco a poco fueron llegando los demás, aparcamos un coche en Ason, y nos dirigimos hacia Busatablado que es donde vamos a empezar nuestra ruta, hasta la famosa cumbre cántabra Porracolina.



Aparcamos en el ayuntamiento y comenzamos con dirección a la iglesia, enseguida dejamos atrás el cementerio del pueblo y la pista empezaba a pronunciarse, momento que aprovecharon varios de mis compañeros de viaje para estirar un poco, y quitarse algo de ropa, aun si saber la que nos esperaba.



Tras aproximadamente un kilometro abandonamos la carretera para tomar una estrecha pista a mano derecha, es una bonita senda que transcurre entre hayas que crecen entre lápices, formaciones muy características del valle del Ason.

Dado que la pendiente no nos daba un descanso, decidimos hacer pequeña paradita para disfrutar de las vistas, era un buen día no del todo claro, pero te permitía disfrutar de cierta manera de la amplitud del valle del Ason, con sus contrastes,  dado que las cuotas superiores aun se mantenían nevadas.




El campamento se levanto enseguida, se notaba que había ganas de llegar, continuábamos siguiendo la zona balizada por la famosa ascensión anual a Porracolina, de ahí empezó nuestra aventurilla, dado que al poco volvimos a encontrar una carretera y empezó el debate, “-la baliza marca por aquí”, “-si pero el GPS por aquí”, como siempre dejamos de lado la intuición humana y decidimos seguir a la maquina, decisión que nos arrepentimos rápidamente, dado que comenzamos la ascensión campo a través hacia la famosa cima, más de uno nos acordamos del que había subido la ruta y no la había detallado brevemente.



La idea era comer en la cima del Porracolina pero ya eran las tres de la tarde, teníamos unas bonitas vistas del pico, y teníamos mucha hambre, sacamos los bocatas y el silencia reino mientras devoramos nuestro almuerzo.

Dani nos comento que andaba un poco mal de tiempo que tenia que  currar a las 7:00 de la tarde en Santander, por lo tanto sin demora continuamos nuestra ruta hacia Porracolina, el camino cada vez hacía mas frío y había más nieve, se notaba que ya estábamos cerca de alcanzar los 1400 metros, por fin llegamos a la base pico, pero como andábamos un poco mal de tiempo la decidimos dejar para otra ocasión, nos pusimos las polainas, dado que en la otra cara de la montaña había bastante más nieve.



Miramos una y otra vez el GPS para intentar localizar la ruta, pero no había camino, por la tanto empezó la aventura, había unos grandes cortes en la roca que debíamos salvar, y empezamos a buscar la forma más fácil de supéralos, enseguida dimos con ellos, y continuamos perdiendo metros.

Justo después tuvimos que atravesar unas grandes cantidades de nieve acumulas en el valle, la nieve estaba muy blanda y había que tener cuidado de no dar un pisotón en falso, alguno aprovechamos para lanzarse como si fuera un tobogán,  cuando superarnos la nieve, llego un bosque, muy bonito donde puede ver por primera vez unos hongo muy extraños, nacen en la corteza de los arboles, pero son de una gran dureza, Sara me comento que una amiga suya los usaba en su casa de baldas, la verdad es que curiosos.



La teoría era seguir el cauce del río, que teníamos claro que llegaba hasta Ason, pero llego el momento en que lo teníamos que atravesar, el río bajaba con mucho caudal dado al deshielo, buscamos la mejor zona y con ayuda de un palo, lo conseguimos superar sin problemas.



Cuando habíamos  perdido la esperanza de encontrar en camino, nos topamos con él, después del día repleto de aventuras que habíamos tenido, ya parecía hasta aburrido seguir la senda que nos conducía al pueblo, pero por otro lado las piernas ya estaban algo casadas, y apetecía tomar algo en el bar. Pusimos la directa y no nos detuvimos hasta que topamos con el viejete autóctono muy simpático que nos conto alguna historia de sus buenos años.



Las ruta concluyo como han de terminar todas, con una buena cervecita en el Bar y una buena compañía, que más se puede pedir.



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