miércoles, 2 de enero de 2013

Monte Buciero – Faros y Acantilados


23 de Diciembre del 2012

Domingo por la mañana, aprovechando el gran día, decidimos ir a visitar Santoña, la idea era realizar la ruta de faros y acantilados por el monte Buciero y si había ganas y fuerzas, afrontar los 700 escalones que nos conducen a Faro del Caballo.



Como ya conocíamos la ruta, no madrugamos demasiado, y aproximadamente a las 11:00 de la mañana pusimos rumbo a Santoña, intentamos convencer a nuestros habituales  compañeros de aventuras, pero en esta ocasión tenían compromisos.



Sobre las 11:45 aparcamos en el paseo marítimo, cerca del campo de Rugby,  dado que la ruta comienza la final del paseo marítimo, dejamos nuestra ropa de invierno en el coche, dado que hacia un auténtico día de verano y pusimos rumbo al Fuerte de San Martín, el cual fue construido sobre un antiguo castillo en tiempos de Felipe II.



A partir de ahí empezamos a ganar altura por una pista pedregosa, durante aproximadamente un kilómetro, hasta que podamos divisar el Fuerte de San Carlos, continuamos la rutilla hasta detenernos para poder disfrutar de la siempre imponente Peña del Fraile, en cuyo escarpado perfil se divisan varias cavidades con restos prehistóricos,  cuentas las leyendas que una salva al unísono de todas las baterías y fuertes del monte hicieron que se desprendiera la cabeza de la “Peña del Fraile”.



Unos metros más adelante siempre muy bien indicado, nos topamos con un cruce que nos indica que a la izquierda se encuentra el Faro del Caballo, Mónica y yo nos miramos y decidimos afrontar las 700 escaleras que nos conducen  por el accidentado precipicio al Faro.



En apenas 5 minutos ya empezamos a descender las escaleras, en cada descansillo nos topábamos con gente  recuperando el aliento para continuar con la ascensión, cosa que te daba a pensar lo que nos iba a esperar para retornar, dado que no existe otra ruta alternativa.



Ya en el faro, que se encuentra en la actualizada abandonado, fue construido en 1863,   allí decimos almorzar con unas impresiones vistas del acantilado y sin pensarlo mucho comenzamos a afrontar el ascenso.



Una vez superada la escalinata, y de vuelta a la encrucijada, seguimos por el camino a la derecha para así no perder el camino real, podemos disfrutar en un bello bosque de encinas, madroños y laureles, casi sin darnos cuenta llegamos al Faro del Pescador, que entro en funcionamiento en el 1864, empleando una lámpara de aceite de oliva, y que tuvo que ser  reconstruido en 1915 por los daños sufridos por un ciclón.




Desde aquí enseguida divisaremos el penal del Dueso y la playa de Berria, y en lo alto un antiguo fuerte imperial, de tiempos Napoleónicos, seguimos andando y nos topamos con el Fuerte de San Martin, punto donde finaliza la ruta.
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